domingo, 4 de noviembre de 2018

TRANSVERSALIDAD DE LA EDUCACIÓN O DAR SENTIDO A LA EDUCACIÓN.




TRANSVERSALIDAD DE LA EDUCACIÓN O DAR SENTIDO A LA EDUCACIÓN.

Introducción


La transversalidad en la educación aunque es un concepto relativamente nuevo es, sin embargo, un concepto que ya lo hemos venido discutiendo durante los corrillos universitarios desde hace mucho tiempo, debido a los comportamientos de los estudiantes que muestran conductas reacias por la intelectualidad y la cultura, así como, en forma constante, enfrentados con los valores universales. Se puede decir muy fácil que hay “crisis de valores” en los alumnos, pero va más allá que eso, hay una banalidad de la cultura con una sobredosis de ignorancia. Ya decía, en otro foro, lo siguiente: los estudiantes universitarios dan la impresión de un dislocamiento del tiempo y del espacio es decir, existe un problema espacio-temporal: no saben en dónde están y en qué tiempos viven, todo ha sido convertido en una superficialidad inaudita o como diría Milan Kundera la insoportable levedad del ser o empeño en la intrascendencia, en la civilización del absurdo o más enfáticamente en el privilegio de la ignorancia. Con premura se requiere de una renovación y un esfuerzo permanente de educación moral y educación intelectual (Durkheim, 1922), relacionados ambos discursos pedagógicos, para otorgar sentido a la educación  de nuestro tiempo.


Desarrollo

La teleología de la educación tradicional ha estado distante de la axiología sobre todo en este siglo XXI en donde se ha olvidado de la “simbiosis” entre el diálogo intelectual con el diálogo moral,  esta situación del olvido de la simbiosis entre ambos diálogos ha sido nocivo y erróneo en el discurso pedagógico en la región latinoamericana o más propiamente en la educación del mundo subdesarrollado. El discurso pedagógico no puede estar exenta de la influencias del poder y de dominación que busca la reproducción del status quo inhibiendo la reflexión sobre el contexto social y el análisis crítico sobre la libertad e igualdad entre todos los seres humanos. Durkheim (1922) defendió el laicismo de los valores y postulo tres elementos fundamentales de nuestra moralidad: el espíritu de disciplina, el espíritu de abnegación y el  espíritu de autonomía. En obviedad de la cortedad de este ensayo, es inútil analizar estos conceptos de Durkheim pero vale la pena decir que estos principios están basados en la justicia, respeto, compromiso, tolerancia y solidaridad entre otros.

La simbiosis entre el diálogo intelectual y el diálogo moral otorga sentido a la educación, pero este dialogo debe ser democrático entre todos las partes interesadas en el acto educativo. Diría Diáz Barriga (2005),  la democracia tiene como elemento asociado a la educación para la libertad y para el progreso. Esto nos lleva a discutir el rol de nuestros docentes universitarios. La mayoría de los docentes están sumidos en la educación tradicional, ahogados en reformas educativas vacías, en políticas educacionales erradas y modelos de educación fallidos, sin tener tiempo para la autorreflexión y para la autocrítica que signifique el rompimiento de las políticas y modelos que siguen los intereses del poder y de la dominación de las clases privilegiadas. Giroux (1988) fiel a su Teoría Crítica de la Educación, menciona que los educadores deben tener un  lenguaje crítico que los capacita para comprender la enseñanza como una forma de política cultural, es decir, como una tarea pedagógica que toma en serio las relaciones raciales, de clase, sexo y poder en la producción y legitimación de sentido y experiencia. Varias preguntas hacen presa de Giroux en su obra, he destacado las siguientes: ¿cuáles son las variantes morales contra las que hemos de tomar una actitud personal como agentes sociales de cambio? ¿Cuáles son los límites de la relación entre conocimiento, poder y subjetividad? ¿Cómo hablamos de hecho en nombre de la emancipación sin mostrar desprecio por quienes están atrapados en las estructuras de la dominación o la ignorancia, independientemente de su posición social?

La educación moral impregna, al igual que Durkheim,  la obra de Giroux pero este autor lo trasciende: la moralidad como agentes de cambio influido por el conocimiento, el poder y la subjetividad para lograr la emancipación liberadora como fin básico de la educación. Los docentes deben privilegiar el diálogo es decir la co-existencia con los “otros” en actividad permanente de comunicación y de interdependencia así, de esta forma,  asumimos enteramente el plano de la existencia intelectual y moral de los “otros”, como condición sine qua non para la educación liberadora.

Dar sentido a las disciplinas que cada docente imparte, se opone de alguna forma a la transversalidad de la educación; si cada docente imparte junto a los conocimientos científicos (teoría-praxis), reflexión crítica sobre el contexto social concreto, fundada en los valores universales así, y solo así, podrá darse educación integral, para una más profunda y responsable humanización del mundo y de la vida sobre el planeta (Luccini, s/f). Desde este punto de vista la educación moral, que debe acompañar a la educación intelectual, es humanista, es ideológica porque atañe a la pedagogía crítica  y  es histórica porque involucra el tiempo en cada conflicto de valores y actitudes.

De este modo los temas transversales dejan de ser temas aislados, debiendo estar impregnados en cada disciplina para otorgar sentido a la educación intelectual; en este contexto, el aprendizaje dialógico es un tema fundamental porque exige: diálogo igualitario, inteligencia cultural, transformación de las ideas, dimensión instrumental, creación de sentido, solidaridad e igualdad de diferencias (Aubert, 2009). Los antecedentes dialógicos vienen desde la teoría de la libertad de Freire.

La educación debe buscar el desarrollo integral de las personas que supone algo más que atender a sus capacidades intelectuales. Es también, y fundamentalmente, atender a sus capacidades afectivas, de relación interpersonal y de inserción y actuación social, en otras palabras, la simbiosis de educación moral con educación intelectual.


Conclusiones

La transversalidad de la educación tiene su origen en la Pedagogía Crítica como manera de dotar a la educación con respuestas a la llamada “crisis de valores” que es un conflicto histórico que se torna más urgente en la educación del siglo XXI por diversas razones. El concepto es reciente pero ya ha sido tratado desde hace mucho tiempo, lamentablemente no ha sido parte del currículo hasta hoy que ya torna emergente ante la puerilidad de la cultura y de la moral que hacen gala nuestros alumnos universitarios. Entre los actores principales para lograr el cambio entre banalidad de la cultura y de la moral y la trascendencia de los mismos, esta, sin duda, el docente para enfatizar el diálogo con un lenguaje crítico y no ausente de ética. Así teleología y axiología encuentran la relación biunívoca tan esperanzadora en estos tiempos.

Biliografía

Adriana Aubert, Carme García y Sandra Racionero (2009) El aprendizaje dialógico, Barcelona, España.

Tres enfoques de transversalidad, Documento entregado por Universidad Cuauhtémoc.

El enfoque transversal de la educación, Documento entregado por la Universidad Cuauhtémoc.

Díaz Villa, Mario (1985) Hacia una teoría del discurso pedagógico, https://www.researchgate.net/publication/285319139, recuperado 18 de febrero de 2017.

Velasco, José Antonio y Alonso de González, Leonor (2008) Sobre la teoría de la educación dialógica, Educere, Venezuela, http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1316-49102008000300006, recuperado el 19 de febrero de 2017.

Giroux Henry A. (1988)  Los profesores como intelectuales, Editorial PAIDOS, España.

Durkheim, Émile (1922) Educación y Sociología, Ediciones Península, Barcelona. España.