TRANSVERSALIDAD DE LA
EDUCACIÓN O DAR SENTIDO A LA EDUCACIÓN.
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La transversalidad en la
educación aunque es un concepto relativamente nuevo es, sin embargo, un
concepto que ya lo hemos venido discutiendo durante los corrillos
universitarios desde hace mucho tiempo, debido a los comportamientos de los
estudiantes que muestran conductas reacias por la intelectualidad y la cultura,
así como, en forma constante, enfrentados con los valores universales. Se puede
decir muy fácil que hay “crisis de valores” en los alumnos, pero va más allá
que eso, hay una banalidad de la cultura con una sobredosis de ignorancia. Ya
decía, en otro foro, lo siguiente: los estudiantes universitarios dan la
impresión de un dislocamiento del tiempo y del espacio es decir, existe un
problema espacio-temporal: no saben en dónde están y en qué tiempos viven, todo
ha sido convertido en una superficialidad inaudita o como diría Milan Kundera
la insoportable levedad del ser o empeño en la intrascendencia, en la
civilización del absurdo o más enfáticamente en el privilegio de la ignorancia.
Con premura se requiere de una renovación y un esfuerzo permanente de educación moral y educación intelectual (Durkheim,
1922), relacionados ambos discursos pedagógicos, para otorgar sentido a la educación
de nuestro tiempo.
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La teleología de la
educación tradicional ha estado distante de la axiología sobre todo en este
siglo XXI en donde se ha olvidado de la
“simbiosis” entre el diálogo intelectual con el diálogo moral, esta situación del olvido de la simbiosis
entre ambos diálogos ha sido nocivo y erróneo en el discurso pedagógico en la
región latinoamericana o más propiamente en la educación del mundo
subdesarrollado. El discurso pedagógico no puede estar exenta de la influencias
del poder y de dominación que busca la reproducción del status quo inhibiendo la reflexión sobre el contexto social y el
análisis crítico sobre la libertad e igualdad entre todos los seres humanos.
Durkheim (1922) defendió el laicismo de los valores y postulo tres elementos
fundamentales de nuestra moralidad: el espíritu de disciplina, el espíritu de
abnegación y el espíritu de autonomía. En
obviedad de la cortedad de este ensayo, es inútil analizar estos conceptos de
Durkheim pero vale la pena decir que estos principios están basados en la
justicia, respeto, compromiso, tolerancia y solidaridad entre otros.
La simbiosis entre el
diálogo intelectual y el diálogo moral otorga
sentido a la educación, pero este dialogo debe ser democrático entre todos
las partes interesadas en el acto educativo. Diría Diáz Barriga (2005), la democracia tiene como elemento asociado a la
educación para la libertad y para el progreso. Esto nos lleva a discutir el rol
de nuestros docentes universitarios. La mayoría de los docentes están sumidos
en la educación tradicional, ahogados en reformas educativas vacías, en
políticas educacionales erradas y modelos de educación fallidos, sin tener
tiempo para la autorreflexión y para la autocrítica que signifique el
rompimiento de las políticas y modelos que siguen los intereses del poder y de
la dominación de las clases privilegiadas. Giroux (1988) fiel a su Teoría
Crítica de la Educación, menciona que los educadores deben tener un lenguaje crítico que los capacita
para comprender la enseñanza como una forma de política cultural, es decir, como una tarea pedagógica que toma en serio las
relaciones raciales, de clase, sexo y poder en la producción y legitimación de sentido y experiencia.
Varias preguntas hacen presa de Giroux en su obra, he destacado las siguientes:
¿cuáles son las variantes morales contra las que hemos de tomar una actitud
personal como agentes sociales de cambio? ¿Cuáles son los límites de la
relación entre conocimiento, poder y subjetividad? ¿Cómo hablamos de hecho en
nombre de la emancipación sin mostrar desprecio por quienes están atrapados en
las estructuras de la dominación o la ignorancia, independientemente de su
posición social?
La educación moral
impregna, al igual que Durkheim, la obra
de Giroux pero este autor lo trasciende: la moralidad como agentes de cambio
influido por el conocimiento, el poder y la subjetividad para lograr la
emancipación liberadora como fin básico de la educación. Los docentes deben
privilegiar el diálogo es decir la co-existencia con los “otros” en actividad
permanente de comunicación y de interdependencia así, de esta forma, asumimos enteramente el plano de la
existencia intelectual y moral de los “otros”, como condición sine qua non para la educación
liberadora.
Dar sentido a las
disciplinas que cada docente imparte, se opone de alguna forma a la
transversalidad de la educación; si cada docente imparte junto a los
conocimientos científicos (teoría-praxis), reflexión crítica sobre el contexto
social concreto, fundada en los valores universales así, y solo así, podrá
darse educación integral, para una más
profunda y responsable humanización del mundo y de la vida sobre el planeta
(Luccini, s/f). Desde este punto de vista la educación moral, que debe
acompañar a la educación intelectual, es humanista, es ideológica porque atañe
a la pedagogía crítica y es histórica porque involucra el tiempo en
cada conflicto de valores y actitudes.
De este modo los temas transversales dejan de ser temas aislados,
debiendo estar impregnados en cada disciplina para otorgar sentido a la
educación intelectual; en este contexto, el aprendizaje dialógico es un tema
fundamental porque exige: diálogo igualitario, inteligencia cultural,
transformación de las ideas, dimensión instrumental, creación de sentido,
solidaridad e igualdad de diferencias (Aubert, 2009). Los antecedentes
dialógicos vienen desde la teoría de la libertad de Freire.
La educación debe buscar el desarrollo integral de las
personas que supone algo más que atender a sus capacidades intelectuales. Es
también, y fundamentalmente, atender a sus capacidades afectivas, de relación
interpersonal y de inserción y actuación social, en otras palabras, la simbiosis
de educación moral con educación intelectual.
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La transversalidad de la educación tiene su origen en la
Pedagogía Crítica como manera de dotar a la educación con respuestas a la
llamada “crisis de valores” que es un conflicto histórico que se torna más
urgente en la educación del siglo XXI por diversas razones. El concepto es
reciente pero ya ha sido tratado desde hace mucho tiempo, lamentablemente no ha
sido parte del currículo hasta hoy que ya torna emergente ante la puerilidad de
la cultura y de la moral que hacen gala nuestros alumnos universitarios. Entre
los actores principales para lograr el cambio entre banalidad de la cultura y
de la moral y la trascendencia de los mismos, esta, sin duda, el docente para enfatizar
el diálogo con un lenguaje crítico y no ausente de ética. Así teleología y
axiología encuentran la relación biunívoca tan esperanzadora en estos tiempos.
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Adriana
Aubert, Carme García y Sandra Racionero
(2009) El aprendizaje dialógico,
Barcelona, España.
Tres
enfoques de transversalidad, Documento entregado por Universidad
Cuauhtémoc.
El
enfoque transversal de la educación, Documento entregado por la Universidad
Cuauhtémoc.
Díaz
Villa, Mario (1985) Hacia una teoría del discurso pedagógico, https://www.researchgate.net/publication/285319139,
recuperado 18 de febrero de 2017.
Velasco,
José Antonio y Alonso de González, Leonor (2008) Sobre la teoría de la educación dialógica,
Educere, Venezuela, http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1316-49102008000300006,
recuperado el 19 de febrero de 2017.
Giroux
Henry A. (1988) Los
profesores como intelectuales, Editorial PAIDOS, España.
Durkheim,
Émile (1922) Educación y Sociología, Ediciones Península, Barcelona. España.